miércoles, diciembre 4

Aires de cambio: parte I.


Desde que tengo memoria me he considerado una persona que esta muy pendiente del vestir, ya sea para alguna ocasión especial o simplemente para el día a día. Por lo mismo creo que siempre de una u otra manera me he ido preocupando de aprender todo lo que pueda al respecto, y con esto me refiero no sólo al tener un conocimiento de las proporciones tanto de las prendas como corporales, ni de las distintas combinaciones de telas, colores y patrones, o de aquello que es adecuado según la ocasión o la temporada del año. Aprender de moda con el objetivo de vestirse bien y poder asesorar a los otros en cómo vestirse, también implica entender que el vestir esta directamente relacionado con nuestras emociones, ideologías, y ciertamente con la visión que tenemos de nosotros mismo y la que queremos proyectar a los demás. 

Se que existen distintos tipos de personas las cuales tienen sus propias opiniones sobre lo importante o trivial que es el decidir que tenida ocupar un lunes cualquiera. Algunos consideran que es sin lugar a dudas lo más importante, son una especie de fanáticos de la moda, aquellos que siguen las tendencias al pie de la letra y que parecen ser expertos en la materia, generalmente son ellos quienes espantan un poco al resto e irónicamente hacen ver a la moda como algo absolutamente trivial, pues se te va la vida en elegir el par de zapatos adecuado a usar con un determinado pantalón, y si no es de última moda o incluso si no es de marca, simplemente no sirve. 
En el extremo exactamente opuesto, encontramos a personas que se dicen estar completamente alejadas de la moda, para ellas es intrascendente la vestimenta, casi como si se estuvieran vistiendo por una necesidad natural o social de no andar desnudos por la calle. Indiferencia que va de la mano de argumentos como: mi inteligencia y mi capacidad en el trabajo no se definen por lo que tenga puesto, sino por lo bien o mal que hago mi trabajo o que el hecho de juzgar a alguien a buenas y a primeras por su apariencia es de un nivel de superficialidad escandaloso. 
Y porque siempre hay un medio, también tenemos el grupo de personas -que es la mayoría- que si bien no son adictas a la moda, tampoco encuentran que es lo peor de la existencia, y si bien no se desviven en el que ponerse cada mañana ni si la cartera es el objeto más de moda del momento, si tienen un gran interés en verse bien, vestidos acorde a la ocasión y a sus cuerpos; siendo el único problema el que no siempre saben que es exactamente aquello que mejor favorece a sus figuras o que es aquella que definitivamente no corresponde utilizar en una ocasión determinada. 

Yo fui en algún momento de estas personas del medio;  de baja estatura, gordita en su adolescencia que no sabía que era lo que mejor me quedaba y que me ponía lo que estaba de moda, eso que todas mis amigas ocupaban, algunas se veían muy bien, otras no tanto. Afortunadamente tuve buenos asesores, un tercero imparcial, objetivo y muy honesto de quien fui aprendiendo a poco a poco, cuales son aquellas prendas y colores que me favorecen y cuales son aquellos que no me hacen ningún favor. El aprendizaje no es fácil, puesto que requiere por sobre todo de la disposición de aprender y de trabajar con los propios miedos y prejuicios, pero creo que si uno cree necesitarlo debe pedir ayuda, porque por lo menos en mi opinión el como nos sentimos con nosotros mismos y el como el resto del mundo nos ve, generalmente termina importándonos mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir.