El miércoles recién pasado tuve la suerte de poder ir a un partido de tenis, de esos que rara vez podrás ir en la vida, de esos de final de US Open.
La suerte fue auspiciada por el súper papá, quien en consideración de mi gran gusto por el tenis desde chica, decidió que era la mejor actividad padre e hija, y no se equivocó.
La ocasión especial de tener a estos dos grandes jugadores en Chile, se debió a la despedida del tenis de uno de nuestros jugadores más exitoso (no es mejor en todo caso, como el tercero de los últimos años diría yo) don Nicolás Massú.
Como casi todas estas cosas, la organización dejó harto que desear, con una gran impuntualidad tanto para la apertura de las puertas, como para el inicio del primer partido entre Massú y el argentino Nalbandian, partido que por lo demás fue bastante lento y bien poco emocionante. Y para que todo fuese peor, en las primeras dos horas del evento, el animador no sabía hablar correctamente, cometiendo errores gramaticales y de protocolo graves. A modo de ejemplo, no puedes ser periodista y decir: "deportivisticos", "un reconocido reconocimiento" o "como los había prevenido antes"; y sin duda no puedes ser el animador principal del evento y no saludar al Presidente de la República cuando entra al recinto.
Ahora, como no hay mal que por bien no venga, llegó el momento esperado por todos, el partido entre Rafael Nadal y Novak Djokovic. Para empezar a describir este momento, sólo diré: realmente increíble. Fue un espectáculo a todo nivel, jugado por unos profesionales del tenis, con la pelota moviéndose a una velocidad, con unas jugadas realmente espectaculares. Los tipos estos no sólo juegan bien, sino que además no tienen ningún problema en presentar un show, y lo hacen muy bien. Estuvo realmente maravilloso.
Insisto fue una gran gran experiencia.
Todos somos tan buenos en algo, tenemos que encontrarlo no más.