Hoy en un recorrido poco agradable por el centro de Santiago -el calor alcanzaba los 32 grados a la sombra- me impresionó la cantidad de jóvenes mujeres que andaban a las tres de la tarde caminando como si nada con medias negras, como quien estuviera en pleno invierno. Pasé un buen rato mientras hacía los varios trámites preguntándome por qué alguien haría algo así, por qué aumentaría la horrible sensación de calor máximo. Descartadas la comodidad, seguridad y un particular bajo termostato, sólo me quedó la idea de "andar vestida a la moda", qué otra cosa nos haría vestirnos incomodamente, morir de calor en verano y de frío en el invierno, sino creer que nos vemos guapísimas. Ahora como todo en la vida esto tiene sus límites, porque si bien podemos andar con algo medio incómodo o incluso con prendas fuera de temporada, siempre hay un punto en el cual por muy bien que creamos que nos vemos, seguro estamos haciendo el ridículo.
Esto de no hacer el ridículo por la moda se aprende de distintas maneras, algunas más amables que otras. Mi experiencia personal es más o menos la siguiente: era bien chica, debo haber tenido no más de 9 años y había que vestirse para ir al cumpleaños de algunas amiga. Elijo ponerme medias rojas, falda escocesa roja, camisa blanca, chaleco rojo y zapatos de charol negro. La combinación se veía perfecta y yo con el pelo tomado en una cola de cabello me veía bastante adorable, el problema es que estaba completamente fuera de contexto. Mis papás en una de esas lecciones de "aprende por la experiencia" me dejaron ir vestida así al cumpleaños, así que cuando llegué pase la tarde no sólo muerta de calor sino además incomoda, porque todas mis amigas no sólo se veían bien con sus tenidas de verano, sino que también se veían ubicadas, perfectamente contextualizadas.
Nadie quiere llegar disfrazado a una fiesta que no es de disfraces.