Como seguro ya es evidente para todos los que me conocen, tengo esta gran gran obsesión con los zapatos, y siendo honesta me estoy acercando a pasos agigantados a ser de esas mujeres que coleccionan gatos, pero en ves de gatos yo voy a coleccionar zapatos.
Teniendo esta obsesión como antecedente es que cada vez que salgo con el objetivo de comprarme zapatos es necesario realizar una especie de rito, tanto antes como después de la compra.
Aunque usted no lo crea vestirse bien para la ocasión o dicho en simple, si, me pongo bonita para salir a comprarme zapatos; nada peor que entrar a una buena y linda tienda y sentirse la mujer menos atractiva del planeta. Yo se que muchos creemos que es una buena idea para subirse el ánimo comprando zapatos, pero he aprendido con la experiencia que la decisión siempre es mejor cuando uno se siente bien, así que mejor ponerse un poco de pintura en los ojos y tomarse el pelo antes de salir.
Una vez que ya te sientes bien contigo y guapo o guapa, es que hay que salir, no es necesario tener una idea clara del tipo de zapato que andas buscando, pero si siempre ayuda a hacer una búsqueda más eficiente.
Si ya encontraste los zapatos y te quedan bien, es el momento de hacerse una serie de preguntas: me encantan? cuánto en verdad los quiero? me son cómodos para ocuparlos sin problemas? tengo ropa con que ocuparlos? Si a todo esto respondes que si, y si obviamente tienes el dinero para comprarlos, mi consejo es no lo dudes, no lo pienses más de la cuenta y comprarlos.
Con los zapatos ya en mano es fundamental que dejes de seguir buscando el tipo de zapato que querías, porque si respondiste a esas preguntas de manera afirmativa es que son los zapatos que querías.
No todo es tan fácil como parece.