lunes, octubre 7

Bailando en un piso de piedra.


Hasta que llegó el día en que una de mis amigas más cercana se casó. Al ser una ocasión tan especial, no había más que vestirse a la altura. Por lo que un par de semanas antes empezó el show por la búsqueda del atuendo perfecto. 

Elegí una falda maravillosa que ocupe para mi fiesta de graduación (esto de ser chica y no crecer tiene sus beneficios, la ropa me sigue quedando bien aun cuando pasen años), y como "top" utilice uno antiguo que tenía, el que por supuesto "enchulé" o dicho en buen castellano: arreglé, para que quedará ad hoc con el compromiso y con los nuevos tiempos. Por último como hay que ser siempre lo más simples posible, sólo quedaba encontrar el par de zapatos perfectos. 

La búsqueda de los zapatos perfectos para fiestas de este tipo partió hace ya varios años, pero hace unos pocos meses tuve la suerte de que mi tía me regalará unos preciosos zapatos negros de fiesta que ella se había comprado, pero que resultaron ser demasiado altos. Así que teniendo el mismo número y siendo la única en la familia capaz de aguantar tacos tan altos, resulte la beneficiaria perfecta. 
Habiendo ocupado los zapatos en un matrimonio anterior, decidí que eran perfectos para este nuevo evento. Negros como la falda, y a pesar de ser extremadamente altos, estaban tan bien hechos que podría decir que son hasta cómodos. Sin embargo yo no contaba con que el piso de la pista de baile fuese de piedra. He bailado sobre casi todos las superficies imaginables para una pista de baile, y esta sin duda fue la peor, era tan dura que el rebote al bailar era lo peor que te podía pasar y yo teniendo casi un magíster en caminar, correr y obviamente bailar con tacos, no pude bailar toda la noche, nunca me había pasado. Supongo que se debió a la densidad de la piedra. 

Primera vez que unos zapatos me "fallan" en una fiesta.