No solemos ser de esas familias que el domingo en la mañana tienen como panorama ir a algún museo, pero mi mamá había escuchado que la exposición de la colección de Peggy Guggenheim estaba muy buena, así partimos a eso del mediodía al Centro Cultural Palacio La Moneda.
Los cuadros y esculturas estaban muy buenos, tal como puede esperarse de una colección que incluye a artistas como: Dalí, Pollock, Giacometti, Brancusi, etc.. Sin embargo, debo decir que quedamos absolutamente decepcionados de lo mala que fue la puesta en escena. Se pueden imaginar lo mal que se veían cuadros como estos presentados sobre una estructura de tablas de madera pintadas?
Fue realmente decepcionante, el sentir que objetos tan bellos e increíbles como estos, se veían perjudicados sólo por la manera en la que son presentados, tan venidos a menos, hablando en buen chileno.
Creo que casos como estos nos sirven para aprender lo importante siempre que es -no sólo en temas estéticos, de moda o de arte, sino que en todos los distintos ámbitos de la vida- el contexto. El donde estoy, con quién estoy, cómo estoy, para que estoy, y todas las demás preguntas que deberíamos hacernos antes de vestirnos, o al momento observar o vivir experiencias como estas. Porque incluso los objetos más bellos pueden pasar no sólo desapercibidos, sino salir perjudicados por el contexto en el cual se encuentran.
Esta idea del lugar, momento y modo en el cual presentamos ciertas cosas, no es algo nuevo, sino todo lo contrario. Por ejemplo como olvidar en estos casos a Duchamp.
Contexto.