Fue ya hace tanto tiempo que aprendí esta lección que creo que es mejor no contarles hace cuantos años exactamente fue. Sin embargo es una lección que a veces se me olvida, quizás porque estoy cansada, quizás porque simplemente no tengo ganas.
La idea es la siguiente: la verdad es que no sabemos con certeza que va a pasar con la vida ni como van a ser nuestros días, por eso una amiga de la infancia me dijo una vez, algo así como que uno debería estar siempre lista. Siempre puede ser el día en que conozcas al amor de tu vida, en que te encuentres con un viejo amigo o compañero, en el que aparezca una propuesta para un nuevo trabajo o proyecto, y créanme nadie quiere estar con el buzo del pijama en uno de esos días.
Antes de que empiecen a sonar las señales de alarma, no estoy diciendo bajo ninguna circunstancia que tengamos que andar todos los días de la semana como si fuésemos a un baile de gala ni mucho menos. Sólo digo que con un estilo más relajado o no, dependiendo del gusto personal, uno nunca debería olvidarse de uno, pues siempre puede pasar algo que cambie tu vida.
Se que a primera vista esto puede parecer una tontería, una frivolidad, pero la verdad es que todos alguna vez nos hemos encontrado con alguien o en una situación en las que por lo menos nos hubiese gustado tener la convicción de que nos veíamos lo mejor que podíamos en ese momento. Esto no porque seamos frívolos y andemos por la vida sólo preocupados de como nos veamos, sino porque nos preocupamos de las cosas que pasan en nuestra vida, por pequeñas que aparezcan para otros, como el simple encuentro con una persona que no ves normalmente.
Confesiones de la vida diaria.