Podríamos decir a Brujas llegamos de pura suerte, pues nunca estuvo contemplada en el recorrido oficial, ni siquiera en las modificaciones posteriores. Todo se dio porque teníamos que si o si llegar a Amsterdam y por la frecuencia de los trenes debíamos hacer escala en Brujas, por lo que decidimos alargar un poco la escala y pasar la tarde en la ciudad. Una de las mejores decisiones del viaje.
Brujas es una ciudad de cuento, completamente sacada de una película de Disney y sus princesas. Caminamos, vimos sus canales y por supuesto no pudimos evitar comer sus típicos (y exquisitos) waffles con un poco de helado, azúcar flor y unas cuantas frutillas.
No diría que es una ciudad en la cual viviría, pero sin duda es un lugar al cual volvería, quizás en invierno cuando este toda cubierta de nieve, para reforzar la imagen de cuento.
Fascinada con este lugar.