No todos los días son maravillosos, de hecho hay algunos que son bastante cercanos al infierno. Yo llevo un par de semanas ya con un ritmo de muerte, haciendo mil cosas y corriendo para todos lados. He llegado a ese punto en el cual empiezas a funcionar con un piloto automático, cuando el nivel de concentración ha disminuido en su gran mayoría y ya los resultados no son tan importantes como el terminar el día y haber tachado cosas que hacer de una lista interminable. Así es, necesito vacaciones -algo que he venido diciendo hace mucho tiempo, pero parece que nadie me escucha, porque las obligaciones sólo están en aumento-
Entonces ¿qué tiene que ver todo este desastre estresante con la moda? Para la mayoría de las personas, probablemente nada, para mi, mucho más de lo que podrían imaginarse; ¿qué hace uno cuando ya no quiere más guerra? busca hacer aquellas cosas que lo relajen, que te recargan de energías, hacer aquella cosa en la que eres excepcionalmente bueno, y la verdad es que resulta ser que creo que soy bastante buena para este tema de la moda, por lo que mi resolución del día será dejar de preocuparme tanto de lo pesado que este cada día, y gastar mi tiempo en cosas tan simples como despejar el closet, para deshacerse de lo que ya no necesito, y así dejar espacio para cosas nuevas; tomar ropa vieja y hacerle los arreglos necesarios para ocuparla de nuevo y lo que nunca esta de más, hacerse un regalito de vez en cuando.
Podría decirse que todas estas pequeñas cosas no son moda propiamente tal, no son lo primero que se viene a la cabeza, sin duda no son los grandes desfiles ni diseñadores ni fiestas, pero la verdad es que creo que por ahí parte todo. Todas las grandes empresas y obsesiones parten en estos pequeños placeres, porque al final es aquello que pase lo que pase simplemente no puedes dejar de hacer. Es aquello que te encanta siempre.
Moda siempre. Semestre acábate rápido.