Me ha tocado estos últimos días ir a Tribunales, lugar frecuentado principalmente por abogados y procuradores. No es indispensable, pero si una buena costumbre que las personas que se dirijan a estos lugares vayan vestidos con ropas de un estilo más bien formal.
Para los hombres esto es fácil, basicamente porque ellos para lograr el objetivo basta que se ponga un terno, camisa y corbata, y cumplen con los requisitos básicos. Sin embargo la misma tarea no es tan fácil de lograr para las mujeres, pues el código de que es lo que podemos y no podemos ocupar, y lo que se entiende por vestimenta formal para nosotras es por decirlo menos ambigua. Lo cual sólo trae como consecuencia que nos encontremos con pintas que no sólo no son formales, sino que tampoco son halagadoras para quienes las ocupan.
Es difícil, pero la formalidad y la seriedad en el vestir, especialmente en la mujeres, no se soluciona sólo con una chaqueta, sino que es una totalidad. El conjunto como un todo -aun cuando las partes por separado no parezcan tan formales- da una imagen más seria y para una ocasión más solemne. No hay una fórmula, ni un uniforme estándar, se requiere más imaginación y cabeza.
Eso si, no porque sea formal tiene que ser necesariamente fome.