sábado, julio 3

Un poco largo, lo se.

La Moda como Clave de Pertenencia, Identidad y Mercado.
Valentina José Venegas Hartley.


Georg Simmel
Sobre la aventura. La Moda

Quizás hoy más que nunca nuestra época globalizada e intrínsecamente tecnológica en que la individualidad pareciera exacerbarse tras el murmullo ensordecedor de miles de anónimos cibernautas, tan desesperadamente ansiosos de diferenciarse como de encontrar un otro que escuche y con quien compartir propósitos e identidad, nos remita a la ancestral necesidad de pertenecer a una tribu, de ser parte de una comunidad, de identificarnos con otros que desplacen nuestra soledad y aporten sentido a nuestra existencia y al mismo tiempo sean el espacio contenedor de nuestra propia individualidad.
Esta inclinación del ser humano de querer y buscar pertenecer a la colectividad, que puede ser vista casi como un instinto de sobrevivencia, nos recuerda que somos parte de un conjunto del cual queremos sentirnos expresamente parte pues es en grupo donde nos sentimos más protegidos, seguros y que pareciera definirnos como seres humanos. A su vez, es también el comienzo de una de las mayores aventuras del ser humano, la constitución de nuestra propia individualidad.
Se identifica así la moda como un proceso que emerge desde el interior de cada uno de nosotros y que se reconoce en la tensión entre la necesidad de constituir la propia identidad, desde el querer ser único, un ser individual reconocido como tal, pero al mismo tiempo ser uno más del grupo, donde la búsqueda por mimetizarse se constituye a partir de la expresión de la diferencias que en el encuentro con el otro al que le resuenan mis señales y las hace propias.
En este proceso, la imitación se transforma en un instrumento clave de navegación social, imitar al otro implica necesariamente, primero, un reconocimiento de sus señales diferenciadoras y luego una identificación con ellas, constituyéndose en el primer paso en la generación de comunidad la cual termina de constituirse cuando unos y otros hacen suyas y consolidan esas señales como un código compartido o las rechazan estableciendo la diferencia. Es la imitación la que nos otorga esa seguridad de que no estamos equivocados, de que no nos hemos salido erróneamente de los márgenes delimitados por el grupo al cual pertenecemos, o bien no nos alejamos aun más de ese grupo de personas al cual queremos que nos relacionen. Es por tanto la imitación la manera más segura de sentirse parte de algo, y por tanto de sentirse especial y distinguido respecto de quienes aún no logran alcanzar este carácter de especial. Es también desde aquí desde donde buscamos la diferencia, aquello que no nos hace como esos, pero que indefectiblemente busca encontrar su sentido en otros, otros.
Teniendo en cuenta esta relación del ser humano con su entorno es que podemos considerar a la moda como una de sus expresiones paradigmáticas. Pues si bien está en una constante búsqueda de la individualidad, tiene como consecuencia necesaria la uniformidad. Es decir la moda se constituye como tal en la tensión entre lo individual y lo colectivo y su esencia emerge desde el encuentro exacto entre su potencia para generar por un lado comunidad y sentido de pertenencia; y por otro, identidad diferenciadora.
De esta forma la moda no requiere sólo que se sea diferente, sino que además sea parte de un grupo, de un grupo muy selecto de gente. Se es igual, y al mismo tiempo especial, sólo que la igualdad pasa casi desapercibida.
Por estas razones, las modas pueden considerarse modas de clase, porque lo que se busca es por una parte la distinción y diferenciación de las clases altas respecto de las inferiores, y por parte de estas últimas, la utilización de la moda como una herramienta o modo manifiesto de superar su condición.
Esta es una de las claves en que se apoya y se realiza la sociedad de mercado en que nos encontramos insertos que se sostiene en la creación continua y vertiginosa de demanda así como de consumidores para dicha demanda. Imitadores e imitados, son sujetos sometidos a la exacerbación de sus propias necesidades de pertenencia y diferenciación que al tiempo que se constituye en una oportunidad de desarrollo aspiracional también condena a la angustia invisible de una pertenencia nunca lograda.
La moda por tanto, se ha vuelto un elemento característico de la sociedad actual, tomando tanta importancia que se va insertando poco a poco en nuestra economía. Se convierte en un negocio, que crea necesidades y demandas así como construye ofertas que las satisfagan, apoyados en este fenómeno de que las personas se realizan en su querer ser diferentes continuamente así como satisfacen sus necesidades de querer ser como otros.
Sin embargo, la moda al ser esta dualidad entre extremos, la búsqueda de la individualidad y de la igualdad, no existe sin esta tensión, pues no habría necesidad que la creare. Pues cuando no hay tensión, no hay diferencia, y por lo tanto no hay moda. La diferencia se da en que siempre es una parte de la sociedad la que la practica, ya que es indispensable que el resto de las personas aspire a ser como ellas.

Esta es una característica de la moda que como impulso expansivo busca que todos se subordinen a sus dictámenes, pero en el momento en que esto se logra, desaparece de inmediato. La moda es y no es al mismo tiempo, por lo tanto se pertenece a ella en un instante, sólo por un momento, en tiempo presente, lo cual sólo intensifica la sensación de ser parte.

La moda nos da una ilusión de utilidad, de permanencia, pues si bien es efímera, logra que creamos que esta vez, no lo será, sino que esta vez va a permanecer vigente para siempre. Y si bien esto no ocurre con la totalidad de las ideas, conceptos u objetos creados por ella, si ocurre con algunos, creándose los “clásicos”. Aún cuando a la moda lo único que le interesa es la variación y el cambio, son necesarios estos elementos que se mantienen permanentes, pues nos refuerza la idea no sólo de la permanencia a un grupo, sino que también una cierta permanencia en el tiempo.

La moda entonces como la manifestación de esta lucha interna de cada uno de nosotros de ser aceptado dentro de la comunidad, pero al mismo tiempo destacarse dentro de ella, y por tanto convertirse en ser objeto de imitación a seguir, funciona como perfecto medio de expresión del ser humano, porque al igual que él, se encuentra en un constante cambio, ya que si se quiere seguir siendo único, o ser, como ese ser único, hay que cambiar a la velocidad que cambia la moda.



Santiago, 30 de junio 2010